Con el sudor de una pesadilla intenté todas las maneras y posiciones accesibles para poder escapar, pero cada esfuerzo era aún peor para mi respiración, para mi libertad.
Sucede que no estaba sola. Detrás de aquellos muros se había organizado un rescate por parte de profesionales de la vida; los sedantes llegaron, los cuchillos cortaron todo bloqueo y la noche tuvo luz artificial.
A las cuatro cero cuatro antes del mediodía, el cuarto día del décimo mes del año mil novecientos ochenta y ocho, fue la fecha de mi primer batalla ganada. Pero fue duro, mi recuperación en una burbuja de polipropileno y los cuidados de los camaradas fueron esenciales para seguir adelante y continuar con aquella decisión tomada.
Lamentablemente, el bloqueo que realiza nuestro cerebro con respecto a nuestra memoria primitiva, hace imposible que recuerde sus rostros, sus nombres , sus voces.
En definitiva, toda historia es contada por otro y a uno no le queda más remedio que creerla o no; hay gente que se cree que alguien llamado Moisés partió un mar con un pedazo de palo y hay otros como yo que se creen toda una historia de cómo vino al mundo el día en el que nació. De hecho, todos los datos que publico son verídicos y si hay que agregar algo más drástico a la numerología de mi nacimiento, luego de mi recuperación en la incubadora, reposé en el pecho de mi madre, ingresada en la sala cuatro de maternidad, en la cama número cuatro.
Hay una cultura, no sé si es la china o la japonesa, a lo mejor son los coreanos...a lo mejor son todos a la vez y no lo recuerdo, que tienen una fijación extraña hacia el número cuatro como número referente a la desgracia, la mala suerte, la muerte, etc. Así como para los occidentales está la superstición tatuada en el número trece y llegan a tal punto de saltar del 12 al 14 en los pisos de los edificios, lo mismo para los asientos de los aviones, autobuses y algo más que me debo dejar probablemente en esta " lista de ganas de temor", pues lo mismo pasa pero con el cuatro en la cultura de algunos de los gentilicios de ojos rasgados que nombré antes.
Resulta que el cuatro está presente en muchas más cosas que la hora y la fecha en la que nací y el resto de detalles:
Cuatro reglas: suma, resta, multiplicación, división.
Los elementos clásicos (fuego, aire, agua, tierra).
Cada cuatro años hay uno bisiesto.
Las cuatro estaciones: primavera, verano, otoño, invierno.
Cuatro partes de un día: la mañana, mediodía, tarde y noche.
Cuatro puntos cardinales: norte, sur, este, oeste.
Cuatro temperamentos: sanguíneo, colérico, melancólico y flemático.
Método de cuatro esquinas
Cuatro juegos de cartas: corazones, diamantes, tréboles, picas.
Cuatro naciones del Reino Unido: Inglaterra, Gales, Escocia, Irlanda del Norte.
Cuatro haciendas: la política, la administración, la judicatura, el periodismo. Especialmente en la expresión «cuarto poder», lo que significa el periodismo.
Cuatro Esquinas es el único lugar en los Estados Unidos, donde cuatro estados se unen en un solo punto: Colorado, Utah, Nuevo México y Arizona.
Los Cuatro Fantásticos: Mr. Fantástico, la Mujer Invisible, la Antorcha Humana y la Cosa.
La banda de rock The Beatles fueron conocidos como los Fab Four (los Fabulosos Cuatro): John Lennon, Ringo Starr, George Harrison y Paul McCartney.
Banda de los Cuatro es una banda británica de post-punk rock formada en los años setenta.
En un cuarteto de cuerdas clásico hay cuatro ejecutantes, generalmente dos violines, una viola y un violonchelo.
Cuatro grupos de alimentos (productos cárnicos, productos lácteos, productos de granos, y frutas y hortalizas frescas). Tenga en cuenta que este modelo tradicional está cayendo en desgracia, como frutas y verduras se convirtieron en grupos separados en el USDA de 1992. Además, las grasas y los azúcares refinados constituyen otro grupo (tradicionalmente considerados no esenciales).
En los Estados Unidos y otros países el período completo en el cargo de presidente dura 4 años.
Hay también cuatro años en una olimpiada única (de duración entre los Juegos Olímpicos).
Hay también cuatro años en una Copa del Mundo.
Y en muchas más cosas si el campo de la incógnita-curiosidad así lo desea.
Comencé a leer a la edad de cuatro años, no recuerdo muy bien el proceso de aprendizaje de las vocales, pero sí recuerdo claramente el método que utilizó mi padre para ayudarme en el esfuerzo. A medida que pronunciaba las letras, debía volver hacia el comienzo de la palabra e intentar pronunciar al menos cuatro letras juntas.
Así fue que aprendí a leer, con una hoja del diario La República. De entre las charlas pintorescas sobre mi persona que tenían a menudo mi madre y otros familiares, o cualquier persona que pudiese prestarle un mínimo de atención, supe que aparentemente tuve esta capacidad de descubrir todo lo que me fuese posible y más ,desde que era una bebé. Una de las tantas historias y espero no exageradas ( etapa de memoria primitiva ) que contaba mi mamá, fue mi intento de sujetar y mover un juguete colgante que tendía de mi cuna, cuando tenía unos veinte días de vida.
Recuerdo aquella casa con flashes, en horas luminosas. Aquel hogar era muy gris por las tardes, las noches eran silenciosas y frías por la humedad; pero recuerdo que había una ventana junto a mi cama, grande, la cama de mi madre en el lateral derecho, una mesa y una estantería de madera con juguetes, y un televisor en blanco y negro, pequeño, con perillas para regular el volumen y cambiar los canales.
Pasaba poco tiempo en aquella casa. La mejor excusa que tengo para justificar la cantidad de horas que duermo, es el madrugador pasado que he tenido. Al rededor de las seis y media de la madrugada, mi madre me llevaba a la casa de una señora negra, llamada Neusa. Era muy dulce, pero muy exigente en todo lo que enseñaba. Neusa sí que tenía una televisión a color y era divertido ir a su casa porque juntas íbamos a la guardería.... el centro CAIF de la Iglesia Santa Mónica, del barrio Conciliación.
Desde las ocho hasta las seis de la tarde el mundo era un gran rectángulo rodeado de arbustos más altos que yo. Mi maestra era distinta a Neusa (era blanca y de pelo amarillo, pero no es ese el punto), se llamaba "maestra". No recuerdo su nombre pero sí su rostro, el color de sus ojos y su sonrisa; como también el nombre de mis mejores amigos a la edad de tres años: "El Poroto" y Rodrigo. En realidad este último me gustaba pero nunca me dio la hora, así que el poroto fue mi primer noviecito de jardín.
Allí desayunaba, allí jugaba y aprendía, allí dormía la siesta OBLIGADA y allí me pasó algo muy tragicómico que recuerdo con lujo de detalles: eran al rededor de las once de la mañana un día de invierno soleado en el que todos aquellos niños y niñas disfrutaban conmigo de la hora de jugar. De repente me pareció sentir la risa de mi mamá y efectivamente era mi mamá. Pero ¿ qué se suponía que hacía mi mamá cortando los arbustos tan altos del jardín, a esa hora, ese día y con una escalera y una tijera que nunca había visto antes ? ¡ qué felicidad sentí en ese momento ! veía muy poco a mi madre, y no sé si fue cuestión de la emoción, del efecto laxante que tiene la lactosa en mi organismo... que, mientras corría hacia sus brazos en busca de amor, mi cuerpo me advertía que estaba yendo en dirección contraria. Los baños no estaban en los arbustos.
Así que fui muy contenta a saludar a mi mamá y a decirle que me estaba haciendo caca; a ella se le ocurrió la brillante idea de decirme que fuera al baño. Sonreí, dije "sí" y Neusa gritó mi nombre... algo enojada..., mis piernas de menos de cuarenta centímetros corrían a la velocidad que podían, pero llegó un momento en el que algo me hizo sentir como un conejo. Yo corría y una bola parecía acompañarme zigzagueando al compás.
Tuve suerte de ser comprendida. Hay gente que sabe ver lo bueno en lo malo, hay gente que sabe lo que es tener una vida de mierda y una mierda en la vida.
Todavía sigo sin saber por qué mi madre estaba cortando aquellos arbustos ese día , a esa hora; sin embargo no me fui a casa como otros niños que volvían con sus padres al medio día. Hasta las seis, no la volví a ver.
Regresar a casa para disfrutar de las pocas horas de luz que quedaban me gustaba mucho; allí tenía mi guitarra de juguete y a mi perrita la Sandy, que desde los dos años hasta los dieciséis respondió a mi silbido.
Así que fui muy contenta a saludar a mi mamá y a decirle que me estaba haciendo caca; a ella se le ocurrió la brillante idea de decirme que fuera al baño. Sonreí, dije "sí" y Neusa gritó mi nombre... algo enojada..., mis piernas de menos de cuarenta centímetros corrían a la velocidad que podían, pero llegó un momento en el que algo me hizo sentir como un conejo. Yo corría y una bola parecía acompañarme zigzagueando al compás.
Tuve suerte de ser comprendida. Hay gente que sabe ver lo bueno en lo malo, hay gente que sabe lo que es tener una vida de mierda y una mierda en la vida.
Todavía sigo sin saber por qué mi madre estaba cortando aquellos arbustos ese día , a esa hora; sin embargo no me fui a casa como otros niños que volvían con sus padres al medio día. Hasta las seis, no la volví a ver.
Regresar a casa para disfrutar de las pocas horas de luz que quedaban me gustaba mucho; allí tenía mi guitarra de juguete y a mi perrita la Sandy, que desde los dos años hasta los dieciséis respondió a mi silbido.
Ese mismo año, al poco tiempo de haber cumplido cuatro años de vida, mi madre conoció a un señor llamado Carlos. Y era feo, muy feo. No sé si aquel colchón se quemó por accidente, pero de niña creía que Carlos se enojó conmigo porque le dije en su cara que era feo. Dije "mamá por qué te conseguiste un novio tan feo" después de decirle en su cara "que feo sos". Es que era feo, vamos. Su cabeza se notaba más que el resto de su cuerpo, un chupetín de ballena sabor frutilla, ( es colorado)... tenía pelos en la cara y nada, directamente me caía mal.
El cuatro de diciembre de mil novecientos noventa y dos, fue el comienzo de una nueva etapa; nueve meses más tarde nacía el segundo de los cuatro hijos que tuvo mi madre.